viernes, 1 de agosto de 2014

Nublado


Amante de  amaneceres serenados y noches frías, de tardes de mar invernal y brisa entristecida,
Amante de paisajes que azotan el alma, que como una roca inquebrantable cede ante  las caricias del mar.
Oh Serpiente marina, recibe este cuerpo y sumérgelo en tus aguas que retuercen huesos,

 Deseo morir y volverme la tempestad que hace bailar a cada gota, la camanchaca que desconsuela a las aves, el sonido de las olas que retumban en el corazón del hombre melancólico.

(En construcción)

viernes, 27 de junio de 2014

Caminando

Entre los típicos ecos pesimistas sobre la vida, sociedad y la gente que me rodea, en esas caminatas por las calles que paradójicamente resultan ser tan intimas, entre ese mar de personas algo mas degenerada de lo que yo podría ser, porque claro está, uno es intachable.
 Con algo de música que te hace ignorar rostros y adentrarte en tu cabeza, pero no lo suficiente como para ignorar una luz roja, que al frente y por sobre mi frente detiene mis pasos. Mientras los segundos pasaban en el reproductor en la espera de la señal verde mi vista se volatiliza algunos metros arriba de donde estaba, de manera amplia y curiosa observo la arquitectura que comúnmente ignoramos por estar apurados o por estar preocupados de no pisar las líneas del piso, me parece bastante curioso ya que uno descubre  una ciudad nueva, con otras formas y colores, edificios en el aire que no se mezclan con su base.
Me han pasado a llevar el brazo, ya era tiempo de seguir con mi vida de muerto, para preocuparme de las cosas que realmente importan como estudiar mierda que dudosamente alguna vez me salvará de algo.  Nuevamente volví a mi negatividad sobre el todo, sobre la cotidianidad, que más bien definido sería nada, ya que no tiene valor alguno. Cualquier fanático religioso o joven de zapatos para montaña usados sobre asfalto y el alquitrán, consideraría mis pensamientos equívocos, bueno eso es lo que supongo, ellos son mejores y ayudan mas a otros seres humanos  porque ven la vida con más optimismo, claro que sí.
Crucé la calle mientras aquel disgusto provocado por el empujón era disipado en sarcásticas palabras no expresadas. Un pie, luego el otro, una pierna luego la otra, debo mantenerme erguido o no seré atractivo, debo tener la mirada al frente o seré un imbécil.

A mitad de la cuadra veo a una mujer, venía con tres niñas que probablemente eran sus hijas, dos con uniforme de algún colegio, la mayor de ellas no habrá tenido más de ocho años. La mujer abrió una mochila y alimentó a un perro callejero. De repente en mi surge una sonrisa, claro, hay una infinidad de perros en las calles y muchas mujeres, pero exactamente en eso se centraba la belleza de aquella acción, porque no es habitual ver a alguien que se detenga, para atender a un ser vivo que posiblemente considere inferior, en cierta forma me ponía contento de suponer que esas tres niñas alguna vez harían lo mismo que su madre, quien sabe porque, nunca estaré ahí para verlo. Aquella acción provocó un efímero pero contrastado cambio de humor, y debido a esto recordé una conversación que tuve con un amigo, mientras caminábamos por Amunátegui.

martes, 4 de marzo de 2014

Gravedad horizontal de mis días en un plano de dos dimensiones.

Articulaciones y ensamblajes posee este cuerpo
 Pies heridos por arrastrar
Un cuello cuya fobia es mantenerse erguido
Unas extremidades amantes de la gravedad
Una figura delgada, símbolo de debilidad,
 Unos ojos tristes que desean ahogarse en el mar

Y pues yo solo ando, solo ando
En la monotonía del pasar
En la monotonía del todo sucede, nada importa.
Deseando adentrarme en el océano donde no sé nadar.


viernes, 7 de febrero de 2014

Sublimación


“Cuando era un niño deseaba volar. Volar era la expresión más pura de libertad, tristeza y soledad que para entonces podía percibir. En la vastedad de un cielo imponente y somnoliento  nuestros deseos más remotos y personales se depositan en la naturaleza, en la vastedad de un cielo imponente y somnoliento mi existencia podía cobrar algo de sentido.”

 Por las tardes me recostaba en el pasto a mirar las aves grises que expandían sus alas con elegancia para recibir la salida de la luna ofreciendo una danza que incitaba a los muertos a levantarse a admirar tan reconfortante belleza en la serenidad del crepúsculo.
  Mi corazón se quebraba cada vez que veía tal espectáculo en una mezcla de envidia y admiración yo deseaba alzarme por los cielos, pero estaba aquí arraigado a la tierra hasta el día en que cuerpo fuera polvo.

 Se dice que los grises eran aves que nunca morían y que por lo tanto tampoco necesitaban de comer o beber agua para sobrevivir, estaban rodeadas de misterios y todo era enigmático cuando se trataba de ellos. Curiosamente solo nos visitaban en la época más helada del año y emigraban cuando el tiempo mejoraba. Solía esperar con ansias la temporada de su llegada.

 Casi al final del invierno, como cualquier día de esta estación, observaba a las aves  volando sobre el frecuentado, solitario y viejo manzano. Cuando el cielo escarlata terminó  de cerrar sus telones, los grises comenzaron volar sobre los pies de la montaña, en el bosque que estaba frente a mis ojos.
 No pude contener la curiosidad y guiado por una luna imponente y sus casi perdidas siluetas me decidí a seguir su rastro, corrí lo más rápido que pude para no perder su señal. Entre las caricias embrutecidas que el viento le daba a mi rostro y el sonido que mis pies producían cuando quebraba las ramas del suelo me encontré en lo profundo del bosque. Cada vez su sonido se hacía más fuerte en mis oídos y  me aceleraba el pulso, hasta que al fin pude divisarlos. Con mi cuerpo algo agotado por el esfuerzo físico decidí subir a un árbol para poder apreciarlos desde una mejor vista. Los encontré volando sincronizadamente en impredecibles direcciones sobre un terreno desierto, donde parecía haber unas antiguas ruinas. En ese momento me vi hipnotizado por el baile que entre mezclado con cantos estremecían mi esencia, mi alma y algo más lejano a mis sentidos. Mientras bajaba de donde estaba y me acercaba a ellos mi ser se vio abrumado por esta ópera donde sus participantes usaban refinados trajes y vestidos de tristes colores, adornados con máscaras que junto al brillo lunar pronunciaban sus largas y delgadas facciones que se reflejaban en mis ojos como el oro y la plata, mientras agitaban sus alas danzando sublimemente al ritmo de sus desoladas y desgarradoras melodías. Cuando al fin mis sentidos despiertan, algo aturdido y extasiado logro sentir que me  elevo hasta el luto nocturno, a un lugar donde al parecer podría ser uno más de ellos, justamente donde siempre debí estar, en un cielo donde no existen estrellas.
                                                                                                                                                    


Todas las noche sueño con Caleidoscopios.


En su abstracción sincronizada y rítmica puedo ver las visiones, visiones de otro mundo
donde el aire parece estar formado por mariposas y las montañas se  pueden palpar con la punta de los dedos. En aquel lugar no existe  el gris, es como si estuviera todo el tiempo en un caos armónico de sonidos y aromas. Me agrada este lugar, puedo contemplar como el agua fluye sin ser interrumpida, arrastra  los peces por ríos de savia y los convierte en nubes carmesí, cuando las nubes entristecen se vuelven hojas que secas caen del cielo y verdes llegan a la tierra. Un día aquel sueño se oscureció, ya no caían hojas desde las alturas, levanté mis brazos y alcé mis palmas para recoger la extraña lluvia, cerré mis ojos y al abrirlos pude divisar en el fondo del paisaje  una mujer de piel agrietada, estaba desnuda en donde debería estar su corazón solo había un pequeño hueco el cual parecía ser la causa de las heridas de su cuerpo.  En aquel momento me sentí miserable y casi por instinto quise ayudarla, Corrí para alcanzarla…
Pero desperté.